Familia

Publicado por José Antonio Cruz el 3 enero 2013

Doña María Saéz Yrauregui era natural de Bilbao, su marido, Don Martín Escauriça trabajó en la primera imprenta que se abrió en la capital en 1577, lo que le permitió a la familia sortear con agilidad las malas rachas tan frecuentes en aquellos tiempos. Como era costumbre en la época, tuvieron muchos hijos, siete vivos y cuatro que no llegaron a nacer. Parece ser que Don Martín Escauriça era un tipógrafo reputado –no había muchos entonces, había pasado poco más de un siglo desde que Guttemberg creara la primera– y en 1596, cuando su vida profesional tocaba casi a su fin, le encargaron dirigir la impresión del primer libro impreso en euskera, titulado “Doctrina Christiana en Romance y Bascuence” por el Dr. Betolaza. Quizás fue esa profesión lo que hizo de Don Martín una persona ilustrada que devoraba libros, periódicos y noticias permanentemente, sobre todo las que llegaban en los barcos procedentes de Europa y América por la ría, lo que le otorgaba cierta autoridad en el barrio. La familia vivía “Allende la Puente”, nombre con el que se conocía entonces a Bilbao La Vieja, en una casa modesta pero espaciosa. Uno de sus hijos, el primogénito, Don Pedro Escauriça Yrauregui, se dedicó a la fabricación de velas, blandones y demás productos céreos para la Catedral de Santiago, y abrió una cerería que se llamaba ”el Alma de Santiago”, lo que le conviritió a Don Pedro en un artesano muy reputado y respetado. Otro de los hijos, Don Manuel, abrió en el barrio un Despacho de Vinos y Licores, aprovechando los buenos blancos y claretes que se elaboraban con las uvas de los viñedos cercanos; este Despacho se llamaba “La Aurora”, seguramente como homenaje a algunos de los barcos que hacían la línea con América y que le proveían de rones, o quizás a alguno de los escritos que recopiló su padre en la imprenta…

 

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[Francamente no sé si las peripecias narradas en el relato que he escrito en el anverso de este opúsculo, ocurrieron de verdad o no, pero es una posibilidad cierta que los antepasados míos citados –que de verdad existieron- tuvieran  experiencias parecidas.
En cualquier caso es una osadía por mi parte despertarles de su letargo histórico, pero una osadía totalmente calculada y querida, porque me hace mucha ilusión haber conocido de su existencia hace muy poco.
Yo creo que estas historias nos hacen ser optimistas en cuanto a nuestro presente y nuestro futuro, y no creo que haya político ni banquero que nos entierre de momento, somos duros de pelar y estamos para vivir.
Alzo mi copa imaginaria y brindo por nosotros y porque el vino siga siendo una fuente de salud y de placer]

A ver si aciertas, lee despacio, adivina, adivinanza…
Es picante, picante, no es pimiento; tiene barba, no es hombre.  Mina da mina, ezta piperra; bizkarra dauko, ezta gizona.
Está tumbado. Si se levantara, tocaría el cielo; si tuviera manos, cogería ladrones; si supiera hablar, diría todo. Etzanik dago. Yagiko nalitz, zerua yoko leuke: eskuak baleukaz, lapurrak atxitu; berbetan baleki, guztia esan.
Tiene aliento y no cuerpo. Atsa bai ta korputzik ez.

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