Viajamos a Hungría, una oportunidad maravillosa para conocer grandes vinos

Publicado por José Antonio Cruz el 18 abril 2011

Recientemente hemos viajado a Hungría, de 12 al 15 de Abril (una paliza) en el marco de un programa internacional, Compostela Wine Route, en el que participa la Ruta del Vino del Camino de Santiago. La delegación ha estado formada por Sonia Olano (Presidenta y propietaria de Bodegas Castillo de Monjardín), Marian San Martín (Bodegas Pago de Larrainzar), Víctor del Villar (Bodegas Castillo de Monjardín), Ernesto Kahle (Autobuses La Estellesa) y yo mismo. Además de las discusiones oficiales sobre la marcha del proyecto que se dedica a la formación de guías enoturistas europeos, hemos disfrutado de un país y de sus vinos.

Reunión preceptiva de trabajo nada más llegar

Nada más aterrizar, en la primera cena ya comenzamos a probar vinos del país, fue una especia de inmersión que nos costó un poco de trabajo, yo creo que mas que nada por el cansancio.

Al mediodía del miércoles, hemos ido al Lago Balatón, a Tihany, hemos visto un Monasterio medieval espectacular y en una bodega muy maja, Ferenc Pince-Csárda.

Nos cuentan que pertenece a la misma familia desde el siglo XII, sus viñedos están en tierras volcánicos (como ocurre en otras partes de Hungría también). Elaborar principalmente vinos blancos secos y semidulces de Sauvignon Blanc, Chardonnay, Pinot gris y Riesling, así como variedades autóctonas como la Sheeptail, o la Traminer. Probamos un blanco Riesling con mucha manzana verde, quizás un poco oxidada, fresco y corto en boca. Otro blanco de esa variedad autóctona, la Sheeptail, prefiloxérica, alemana, que trajeron en el siglo XVII, menos aromática, con un poco de carbónico en boca y toques minerales; según la tradición, los novios tomaban este vino en la noche de bodas “para que saliera niño”. Seguimos con un semidulce de la variedad Traminer, con azúcar añadido, más expresivo, con una nariz de fruta blanca y rosas, muy gewüstraminer. Después catamos un Pinot Gris semidulce, con azúcar residual, con una nariz de pan de higos, higos secos, y boca de miel e higos.

Pasamos a los tintos con un Cabernet Franc joven, de capa media, nariz muy típica de fruta roja ácida, muy bonita. Boca con recuerdos minerales y ahumados, y algo de tierra volcánica. Después pasamos a un cabernet franc de 2006, de una viña de 20 años, con botritis noble y azúcar residual. Nariz muy típica de botritis, cuatro años de envejecimiento en contenedores de plástico. Boca menos interesante, dulce, algo de miel y caramelo.

Cenamos (¿o comemos, o merendamos? Son las 17,30 h, estamos en un pienso), en el Restaurante de la Bodega, con una vista impresionante al Lago Balatón. Este restaurante está abierto al público solamente los viernes y los sábados en invierno, pero a partir de mayo abren todos los días.

Nos sirven una estupenda sopa de pescado y tomate y mucha pimienta; entra en escena algo muy típico de Hungría, la páprika, el pimiento rojo picante que le echan a todo, en este caso acompañados de una rodajas de pimiento verde, pruebo éste y me da una tos que casi me vuelvo del revés. Pedimos el cabernet franc 2008 que hemos catado antes, y nos sacan el plato principal, se llama Csülüok, pierna de cerdo asada con patas y cebolla caramelizada, es una carne bastante grasienta y de edad, aquí los cerdos tienen una pelambrera de aupa (anoche tomamos en la cena algo parecido, debe ser una especie de plato nacional). El postre, casero, se llama Poolacsinta y es una especie de crêpe con mermelada de ciruela.

Paseamos por el puerto de Tihany, hace fresco y cae la tarde, pero tenemos que bajar un poco el cerdo.

Por la noche paseamos por la Plaza de los Héroes, parece sacada de una aventura de Conan. Allí están los líderes de las siete tribus fundadoras de Hungría, encabezados por San Esteban. Con los museos que la flanquean forman un conjunto declarado Patrimonio de l Humanidad. Y terminamos con un gin-tonic, como debe ser.

El jueves por la mañana desayuno con Champagne, no hay fresas no ostras, así que me tengo que conformar con salmón y trucha ahumada. Está muy bien para comenzar el día. Viajamos a Eger, dos horas al noreste de Budapest, una ciudad en la historia de Hungría muy importante, porque allí se frenó el avance de los turcos en el XVII. Visitamos un Instituto de Alimentación.

Comemos productos típicos, pero con agua, que estamos en un centro escolar: una especie de minestrone de nabos, pasta y carne de falda de vacuno, aperitivo de trucha ahumada con berros y tostadas y plato principal de filetes de pollo y cerdo albardados, con arroz y patatas asadas y como guarnición aparte chucrut, pepinillos en vinagre y páprika; de postre nos ponen torta de ricota con mermelada de arándanos.

Todo esto es para ir preparados a visitar la bodegas GÁL TIBOR, situada en una de las colinas de Eger. Tienen más de 1 Km de galerías subterráneas con botellas y barricas. Hay muchos problemas de humedad, hasta tal punto que están acabando de construir otra bodega en otra parte de la ciudad. Elaboran vinos con Chardonnay, Viognier, Pinot Gris, Sauvignon Blanc, Pinot Noir y Kyroli. Catamos Egrileánka 2008, blanco, con una nariz media de manzana verde. En boca tiene un paso caliente y muy amargo (almendra amarga), con acidez y final largo. Después Gloria 2007, un cuvée de Chardonnay, Viognier y Rajnai Rizling. La nariz es más compleja, manzana y plátano, en boca sale enseguida la mantequilla y el amargor, tiene un final largo. Seguimos con Pinot Noir 2007, con 2 años de barrica (20% nuevas y 80% de 2º y 3º año, en el que se aprecia una bonita nariz de fruta roja ácida, algo de pizarra, tiene una entrada en boca dulce, taninos muy sedosos, paso agradable, acidez muy equilibrada. Otro es el Egri Gadarka 2008, de 14,5%, laborado con una variedad autóctona parecida a la Pinot Noir, se aprecian en la nariz uvas pasificadas; en nariz promete un vino dulce y se frustra en boca.

Por último catamos el Bartok Egri Bikavér 2006 (sangre de toro) de 13,5%; tiene en la nariz fruta madura y el paso de boca amarga, pero sin astringencia, es largo.

Todos los vinos de esta bodega tienen un cierto recuerdo mineral, su patrón es bastante amargo, pero sin astringencia.

Nos vamos a Tokaji, es nuestra gran meta. Autobús, otras dos horas y llegamos a bodegas Disznókö (cabeza de jabalí en húngaro en homenaje a una roca que preside la colina). Está en una colina hermosa, con los viñedos en las laderas, protegidos de los fríos norteños por una cadena montañosa. Geográficamente la región de Tokaji está situada en el límite norte de la zona donde las vides pueden vivir. Tokaji está al este de Budapest, prácticamente en la frontera con Ucrania. Es el inicio de la zona montañosa lindante con Eslovaquia, donde está la inmensa llanura del Danubio y los viñedos de Tokaji, que se encuentran en una zona de marisma, que mantiene la humedad y que facilita la podredumbre noble “botrytis cinerea”.

La propiedad de bodegas Disznókö fue clasificada como “Premier Cru” en 1734 por un Real Decreto y se extiende sobre unas 130 Ha. El viñedo fue propiedad de la familia Rákóczi en el siglo XVII y el Barón Waldbott en el siglo XIX hizo construir la “casa amarilla del río” como zona de vinificación siendo hoy uno de los restaurantes más considerados de la zona.

Desde 1992, Disznókó renueva la vieja tradición de los grandes vinos de Tokaji, bajo el impulso de AXA Millésimes y el equipo de Christian Seely. Una nueva bodega y unos almacenes espectaculares así como los subterráneos se han realizado, adaptando las técnicas enológicas más modernas con las costumbres ancestrales locales. Gracias a un cuidadoso trabajo de los responsables de la bodega, los vinos Disznókó son hoy verdaderos embajadores del renacimiento de Tokaji.

Las principales variedades de uva que cultivan son las más características de la región, como la Furmint, una variedad blanca muy antigua con acidez que se emplea para vinos dulces y secos. La Hárslevel?, una variedad local con racimos muy aireados, es más afrutada que la Furmint, y es un excelente complemento. La Zeta, un cruce de Furmint y Bouvier, debido a su precocidad es especialmente adecuado para la producción uva para el vino Aszu. Por último, el Moscatel de Grano Menudo (Sárgamuskotály) que aporta un aroma potente, madura temprano, pero soporta mal los cambios climáticos.

Nos enseñó la bodega el responsable de relaciones públicas con todo tipo de explicaciones (al principio con un powerpoint en castellano). Fuimos luego a la Sala de catas y catamos vinos de Furmint y Aszu, por orden. 2010 Disznókö Tokaji Furmint Seco, un joven elaborado con Furmint, Harslevelu, Oremus y Muscat. Se presenta amarillo pajizo muy brillante, con destellos verdosos; tiene una nariz compleja de pera y melocotón; y en boca resulta fresco, seco, con una acidez equilibrada y largo. 2009 Disznókö Tokaji Furmint de Vendimia Tardía, como el anterior pero dejando que se pasifique la uva en la cepa y adquiera botritis noble, es amarillo suave también con destellos verdosos, tiene una nariz típica de botritis (tostados y amielados) con cítricos y melocotón; en boca se aprecia membrillo dulce y poca acidez, tiene un final largo.

Y llegamos a los Aszú. La concentración de uvas aszú se define tradicionalmente por el número de puttonyos, que es la masa de uvas Aszú añadida a un barril de 136 litros. Un puttonyo es la cantidad de 25 kg de uva botririzada (atacada por la Botrytis cinerea) o Aszú añadida por cantidad de mosto o vino. Actualmente los vinos de Aszú varían desde 3 puttonyos hasta 6 puttonyos, existiendo una categoría superior llamada Aszú-Eszencia, que representa a los vinos superiores a 6 puttonyos. 2001 Disznókö Tokaji Aszú 5 puttonyos, con un color dorado medio, brillante, una nariz amielada pero no muy fuerte, y una boca de miel y caramelo bastante larga. 2002 Disznókö Tokaji Aszú 5 puttonyos, dorado más oscuro, brillante y denso, con una nariz de compota de Navidad, con orejones, ciruelas pasas, manzanas… y una boca de caramelo bastante larga. 1999 Disznókö Tokaji Aszú 6 puttonyos, dorado caoba brillante, con nariz de caramelo tostado, mas profunda y compleja, y boca de miel, higos secos, y toques de naranja amarga. 1993 Disznókö Tokaji Aszú 6 puttonyos, de color caoba rojizo, con nariz de hoja de tabaco y boca de caramelo y naranja amarga, complejo, con volumen y bastante largo.

Compramos alguna botella, teníamos el tiempo justo, y volvimos a Budapest con el sentimiento de tener que volver cuanto antes para descubrir más cosas en Tokaji. En Budapest, a las 23,30 h. nos recibieron en la pizzería de la noche anterior y tomamos una cena ligera, es la noche de las despedida, tomamos un Merlot muy bueno e intercambiamos regalos. Y terminamos con otro gin-tonic en el hotel.

La mañana siguiente es de recogida, como buenos ignorantes creíamos que la cosa iba de trámite, pero nos llevan a Buda, a la Catedral y el Castillo de Buda, con una vista del Danubio y los principales edificios administrativos de Pest impresionante, pero el programa nos depara una despedida sorpresa espléndida, la visita a la Casa de los Vinos de Hungría, instalada en el Castillo de Buda. Es una especie de museo, pero no de almacenamiento sino de conocimiento y actuación. Allí te asignan un sumiller, te explica en el recorrido mediante paneles las principales regiones vinícolas húngaras (hay 22), y dirige una cata de los vinos que quieras. No hay buena luz, pero lo que probamos merece mucho la pena.

Petrányi 2009, blanco de la región de BalatonFüred-Csopak (en la orilla norte del Lago Balatón), elaborado con uva Olasrizling, 13,5%. Es amarillo pálido, nariz débil, boca intensa, cítricos, glicerina, cuerpo, calor… Patricius Tokaji 2006 Vinun Primatis, blanco elaborado con uva Fomint, 13,5%. Nariz de miel y lichis en almíbar; entrada en boca dulce, de lichis, y un poco de amargor en los laterales; denso, poca acidez. Somlói Juhfark 2007, (región de Somlói muy pequeña, al oeste del Lago Balatón), blanco elaborado con la uva Juhfark (literalmente “cola de oveja” seguramente por la forma alargada del racimo; nos dicen que está considerada una uva muy varonil y que los novios en la noche de bodas beben este vino si quieren que su descendencia sea masculina; está criado 12 meses en barrica; tiene la nariz bastante cerrada, algo sucia quizás, una boca muy ácida. Kényelú 2008, de la región de Badacsony (al lado del lago Balatón), blanco elaborado con la uva del mismo nombre significa literalmente “madre azul” es una de las variedades de uva blanca rara que crece solamente en esta región. 13%. Tiene una nariz muy marcada de piña ácida, boca con acidez y amargor equilibrado, piña verde, amplio y largo. Tinto Bock 2010, de Villany (sur de Hungría, en la salida el Danubio), elaborado con uva Portugieser, 12,5%; tienen una nariz de fruta roja poco madura (ciruela, mora), en boca comienza dulce y termina amargo, taninos carnosos, con un final un poco astringente con notas de tabaco, corto. Tinto Hajósi Kékfrankos 2006, pertenece a una gran compañía que elabora 800.000 botellas anuales; 18 meses de barrica, nariz de madera noble y pimienta, en boca los taninos se presentan golosos, con futa madura, cacao y tabaco, está muy bien.

Y vamos con los Tokaji, una muestra. Tokaji Asszonyfektetö Cuvée 2009, elaborado con Formint, Moscat y Hars, con botritis, un poco pasificadas y frescas; tiene 80 g por litro de azúcar residual; miel en nariz y boca. Tokaji Aszú Eszencia 1993, de 7 puttonyos en la nomenclatura tradicional, 6 años en barrica y 250 g por litro de azúcar residual; en nariz se pueden apreciar higos secos, miel, caramelo… y en boca caramelo pero con acidez.

Y corriendo al hotel para coger el equipaje y llegar al aeropuerto a tiempo. Tan corriendo que entro en la puerta giratoria y me pego una galleta enorme en la frente por querer traspasar el cristal. Las azafatas corren hacia mi alarmadas, he debido hacer un ruido importante, me acompaña Ernesto y también se alarma, vamos tarde y yo solamente repito “the luggage, the luggage” como un poseso. Afortunadamente mi cabeza es muy dura y no me he hecho nada. Poco después en el taxi, nos reímos a gusto y recordé a mi amigo José Miguel Larrinaga y su brecha talaverana.